• Tsol

La erótica orden de chocolates

El amor en tiempos de la omnicanalidad.


La imagen de unos labios carnosos y húmedos acercándose lentamente, cierro los ojos y una pantalla blanca aparece en mi mente… ahí estoy… yo; encerrado aquí… y… si pudiera abrir la página web de la chocolatería y con gran facilidad poder encontrar ese chocolate de rosas y…


En eso, una voz sensual y atrayente del asistente personal de mi tableta dejó oír su voz:

—¿Para ella?

—Sí —respondí.

—Creo que tienen razón, nos sugieren y aprovechar para… ¿mandar a mamá también?

Cuánta razón tenían… hacía mucho que no veía a mamá eso le alegraría el día.

—Sí, por favor…

—Mandemos estos con pureza al 70%, un chocolate dulzón de los ríos altos Ecuatorianos, coincide con los colores identificables de las compras que se han hecho para mamá. —decía el asistente.

—Sí, adelante…

—Oye, pero pongamos tarjetas de felicitación, personalizadas, escritas a mano ¿qué opinas?

¿Cursiva? Se ven lindas…


Era definitivamente fabuloso, mi mente no podía más que decir que sí.

—Añade moño rojo a ella y azul para mamá, ¿sabes la dirección?

—Tranquilo ya ellos saben cuál a dónde, un momento, el Order Management (OMS) de la

chocolatería está calculando tiempos de entrega, alineando inventarios de tiendas, bodegas, tránsitos, pues no todo está siempre disponible en el mismo lugar, perfecto… ya está. Todos llegan hoy 14 de Febrero sin costo extra.

—Pero…

—Sí, ¿dime?

—En la nota a ella, quiero que agregues…

—Lo sé… dice tu nombre… debajo de: “Te extraño mucho, pronto nos veremos vida mía” ya nos encargamos de todo.

—¡Gracias!

—De nada; por cierto, el OMS me indica, tienes unos chocolates trufa espolvoreada que te gustan tanto sin costo.

—¡De verdad!

—Tranquilo, ya pronto estarás bien.


Abrí los ojos, pensé que así de fácil debería de ser el poder hacer un pedido, igualito a sentirse como en la tienda, atendido, escuchado y apapachado… sentirse que eres alguien para el establecimiento, como estar ahí, en ese momento se escuchó la puerta, Tock, Tock, me levanté del sillón y abrí —¿sí? diga.

—¡Woow! ¡mis chocolates favoritos! —firmé de recibido y al cerrar la puerta.

—Taran taran… taran… tarantarantarantarantaraaaaan… —el celular

—Sí… ¿bueno? ahhhh… de nada cariño ¿te gustaron?... súper.


Y así, mientras platicaban, delicadamente le quitaban el orito al chocolate que cumplía su sueño de besar esos labios, todo gracias a la omnicanaliad.


Fernando Frias Trillo

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